ORFIDAL
Desearía olvidar
aquellos ojos de perro en la cuneta,
vuelo de un pájaro ciego
por el bosque de las estatuas,
el trapecio sin red oscilante del insomnio,
la caída libre para la esperanza herida.
DELIRIO
Palpita
enterrado bajo el árbol del sueño
en su cajita de plata.
Verdes y negras,
las arañas de la fiebre
trepando por mis manos.
Sálvame.
Sólo necesito tu voz
para soñar con volcanes dormidos.
Charo de la Varga.
miércoles, 21 de abril de 2010
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